martes, 17 de noviembre de 2009

ALEGORÍA RURAL

La serpiente de oro fue la primera novela que escribió Ciro Alegría, el escritor peruano más afamado después de Mario Vargas Llosa. Esta novela —ejemplar notable de la denominada novela de la tierra— se incluye dentro de la literatura regionalista, predominante en Latinoamérica durante la primera mitad del siglo XX, y caracterizada por sus rasgos congénitos de denuncia social y la descripción romántica de la naturaleza y de los hombres, o, mejor dicho, de la relación entre el medio natural y la acción humana.
Si bien no es una novela con pretensiones estilísticas, La serpiente de oro tiene el mérito de estar narrada, en primera persona, con un estilo eficaz, que comunica variadas sensaciones a través de sus páginas. Cuenta la vida de los Romero, pobladores de Calemar, localidad anclada en el valle serrano-amazónico del Marañón, donde el río reta diariamente el ingenio y el coraje de los vallinos, balseros que han crecido en torno a él, respetándolo cual fuerza divina.

De sus páginas emerge un aliento épico, que hace recordar a las historias de los caballeros medievales de hazañas extraordinarias. Porque La serpiente de oro es una novela de lucha, de desafío, de prueba permanente, en la que el hombre no ceja en su empeño de convivir con la naturaleza más dura, y, así, su vida cotidiana es una continua proeza. Los Romero son una viva muestra de ese batallar contra la adversidad que representa el Marañón: su vinculación entrañable con el río se convierte en la alegoría de la supervivencia humana.

Pero la historia no se agota en ese simbolismo. La serpiente de oro puede ser leída, también, como un catastro rico y variado de pequeñas historias, donde se traslucen el amor a la tierra natal (sentimiento de querencia), la camaradería y solidaridad rural, la alegría de las fiestas y el calor fraternal en torno al narrador de singulares anécdotas. Estos aspectos —que sería impropio calificar de pintorescos— hacen de La serpiente de oro una novela atractiva y memorable. Quien la lee, puede, con todo derecho, ufanarse de haberse introducido a un Perú diferente, acaso más estimulante y proactivo que el Perú convencional, ese gris y nublado.

El significado esencial de la novela se expone cuando, en la última página, el narrador sentencia: “Hemos nacido aquí y sentimos en nuestras venas el violento y magnífico impulso de la tierra”. De estas emotivas palabras se puede inferir que en el hombre, sobre todo en el de condición rural, hay siempre un llamamiento irrevocable por la tierra —preñada de bendiciones y de riesgos— y por toda su carga sentimental. Ésta es, precisamente, la consigna de la denominada novela de la tierra.

1 comentarios:

Carlos Alberto Paz dijo...

Exelente blog , para los que amamos la lectura nos es interesante siempre esta clase de articulos , mucha suerte!!

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