lunes, 23 de noviembre de 2009

Entrevista a Jorge Díaz



A cien años del natalicio de Ciro Alegría, el escritor Jorge Díaz Herrera habla sobre su relación con el hombre que marcó un hito en la visión indígena de la narrativa latinoamericana con obras como Los perros hambrientos, La serpiente de oro y El mundo es ancho y ajeno. Esta charla se realizó durante el VI Encuentro de Narradores Peruanos, realizado en
Cajamarca.

Basados en el clima social y político… ¿En el 2009, alguien podría volver a escribir El mundo es ancho y ajeno?
- Creo que las obras ya no se repiten. Pero hay un dicho: “cuando los pueblos olvidan su pasado vuelven a repetir sus errores”. Digamos que por ahora en el Perú ya no se suceden los tradicionales golpes de Estado y aparentemente ya no se persigue a nadie por sus ideas. En cambio, Ciro Alegría fue perseguido, fue apresado, se cuenta que incluso fue fusilado con balas de fogueo para amedrentarlo. Ciro Alegría pasó más de veinte años en el exilio entre Chile, México, EE.UU., Cuba, y las grandes obras que escribió las escribió en el extranjero, allí ganó concursos. Creo que el mundo si ha cambiado en ciertas cosas porque es inevitable, pero han permanecido ciertas lacras como el que algunos medios de comunicación sirvan para difundir el disparate. La cosa valiosa, la cultura en general no tiene espacio. El “rating” es una cosa mercantilista que domina a los medios de comunicación. Por ejemplo, los periódicos tendrían que haber sacado un suplemento sobre Ciro, ¿quién lo ha hecho?

¿Cuánto lo ha influenciado Ciro Alegría?
Yo no escribo con el estilo de Ciro. Sin embargo he reflexionado mucho con sus novelas y con su amistad. He sido amigo de Ciro. Era muy jovencito, pero sus palabras me han quedado para siempre. Era un hombre muy generoso.

Ahora a los escritores se les suben los humos muy rápido. Siempre he contado esa anécdota en que Ciro, viéndome sufrir con los artículos periodísticos, me dio un consejo maravilloso: “el día en que tú sepas cuando escribes para ganarte la vida y cuando escribes para ganarte la gloria serás un buen periodista y un buen escritor sin sufrir tanto”.

¿El mundo sigue siendo ancho y ajeno?
Yo acompañé a Ciro Alegría cuando fundaron la universidad de Ica. Yo era miembro de la Federación de Estudiantes del Perú, y el discursó inaugural lo iba a dar Ciro Alegría. Ya empezaba la ceremonia y Ciro no aparecía. Ciro estaba un poco distraído conociendo algunas calles iqueñas. Luego los alumnos lo trajeron. Ciro subió al podio y dirigiéndose a los jóvenes dio un discurso que me lo sé de memoria. Un discurso muy locuaz y lacónico: “Jóvenes, el mundo seguirá siendo ancho, pero con ustedes ya no seguirá siendo ajeno”. Y ese fue todo el discurso.

- Usted ha dicho durante su conferencia sobre Ciro que uno escritor debe ser responsable por sus personajes. ¿Alguno se le ha escapado de las manos?
Puede ser. Pero yo soy muy riguroso con mis personajes. A mí me guía un afán con ellos, y es el ser justo, el no maltratarlos, el excusarlos, el darles el destino que ellos se ganan. Dostoievski decía que a veces se sentía acorralado, en las noches de insomnio, por sus personajes que le pedían que les cambie el destino. Y él decía: “Yo, su creador, no puedo hacerlo”. A veces lamentamos crear personajes tan desventurados, pero ya no se puede hacer nada una vez creados.

¿Quedó superado el desencuentro “criollos” – “andinos”?
Es una discusión tan absurda en un mundo globalizado, integrado y mestizo como el nuestro. Porque aun en la costa el Perú es andino. El mar es andino. Es tan desfasado el tema que me parece banal. Es como cuando los místicos se reunían a discutir cuantos ángeles podían entrar en una cabeza de alfiler.

¿Y cómo entonces el papel de la crítica literaria?
No existe. Hay muchos reportajes pero muy pocas críticas. Ahora, Ricardo González Vigil es un buen crítico, es un buen estudioso, pero no se da abasto para todo. Tampoco le dan el espacio que le daban antes.

Dice que ahora ya no escribe para cambiar el mundo sino para calmar sus nervios…

El mundo para mí se ha vuelto tan convulso, tan turbulento, que me siento en calma cuando me enredo con mis personajes, cuando converso con ellos.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

José María Arguedas, Gamaliel Churata y mucho menos Ciro Alegría fueron indígenas. Los temas que trataron pertenecen a una época feudal, a una sociedad escindida entre gamonales y trabajadores campesinos. La crítica hispana criolla los motejó de indigenistas porque sus textos mostraron la cruel realidad de sociedades diezmadas desde la formación de la colonia.

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